La palabra PAZ deriva del latín pax. Es generalmente definida, en sentido positivo, como un estado de tranquilidad o quietud.
En un día tan significativo como el comienzo de un nuevo año, celebramos los cristianos el Día Mundial de la Paz. Volvemos nuestra atención a uno de los más profundos y más trágicamente inalcanzados ideales de la humanidad, la convivencia fraternal de las personas y los pueblos, la exclusión del odio, el desprecio, el abuso, la explotación, la violencia. El ideal que expresó con gran fuerza el Papa Juan Pablo II: la construcción de una civilización del amor.
"Al comienzo del nuevo año, quiero hacer llegar a los gobernantes y a los responsables de las naciones, así como a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, mis deseos de paz. Los dirijo en particular a todos los que están probados por el dolor y el sufrimiento, a los que viven bajo la amenaza de la violencia y la fuerza de las armas o que, agraviados en su dignidad, esperan en su rescate humano y social. Los dirijo a los niños, que con su inocencia enriquecen de bondad y esperanza a la humanidad y, con su dolor, nos impulsan a todos trabajar por la justicia y la paz". Expresado por el Papa Benedicto XVI.
Pidamos por la Paz para el Mundo.
Si pedimos la paz fervientemente, seremos capaces de acogerla en nuestros corazones, generando así la paz en nuestro interior.
La oración nos hace más capaces del perdón y de la reconciliación, nos hace más sensibles frente a cualquier injusticia, abuso y mentira.
Está en nuestras manos es luchar por un mundo justo, rezar mucho y ayudar a los demás en la medida de lo posible.
Si el mundo entero respetara las palabras de DIos al señalar "Amarás a tu Prójimo como a tí mismo" el mundo sería otro. Comencemos por definir quién es nuestro prójimo. Es aquél que nos encontramos en la calle, el pobre, el sucio, el vecino, nuestro compañero de trabajo, el jefe, nuestros empleados. Cada ser humano es prójimo del otro.
En ocasiones nos cuesta mucho trabajo amar verdaderamente a nuestro prójimo que está cercano a nosotros, ya sea en el club, en el trabajo, en la escuela. Es muy normal que con la persona con la que tengo contacto personal cotidiano me sea difícil convivir, pero en esos casos es donde verdaderamente entra el verdadero amor a nuestro prójimo. Como podemos amarlos desinteresadamente? no haciéndoles lo que no quieras que te hagan a tí, regalándoles una sonrisa, palabras de aliento cuando se encuentren en una situación difícil, alegrándonos con ellos y por ellos cuando han logrado algo importante para sí mismos, etc.
De esta manera construiremos un clima de paz y amor en nuestro alrededor.